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La semana pasada, luego de la visita de Juan Grabois a Paraná y su pedido público a la justicia entrerriana de no dilatar las causas contra los Etchevehere corruptos, la Asociación de Magistrados emitió un comunicado donde expresó “su más enérgico repudio” a las declaraciones del dirigente social y abogado de Dolores Etchevehere.

A continuación, algunos ejemplos que no despertaron el más enérgico repudio de los magistrados entrerrianos:

La Cámara de Apelaciones en este momento está decidiendo sobre la prescripción del delito de estafa y vaciamiento de El Diario para el grupo empresario Grenón –socio de los Etchevehere-, una maniobra que dejó a 85 familias en la calle. La prescripción solamente puede explicarse a partir de la inacción o la acción dilatoria de jueces y fiscales intervinientes. Dicha causa se inició a partir de una denuncia de Dolores Etchevehere en el año 2013. Desde entonces, la denunciante no cesó de investigar y presentar pruebas en los expedientes. Fue recién en el 2020 que los imputados fueron citados a declaración indagatoria, luego de que todos los reflectores apuntaran a Entre Ríos durante el conflicto con los Etchevehere en Casa Nueva. Pero eso no despertó el más enérgico repudio de los magistrados.

En la puerta de la Estancia Casa Nueva, los Etchevehere violaron en cadena nacional las medidas de protección a favor de Dolores Etchevehere que había dictado el juez de primera instancia Flores. Pero eso no despertó el más enérgico repudio de los magistrados.

Luego, la jueza Carolina Castagno en la Cámara de Apelaciones ordenó el desalojo de Dolores Etchevehere y Proyecto Artigas de la Estancia Casa Nueva utilizando como argumentos documentación apócrifa y desconociendo la perspectiva de género que el juez de primera instancia había enfocado en su fallo. Meses después, la justicia federal de Comodoro Py dejó en ridículo a la jueza porque probó que la documentación era apócrifa y dejó firme el enfoque de género en el marco de la Ley 26.485 de protección integral a las mujeres. Pero eso tampoco despertó el más enérgico repudio de los magistrados.

El 26 de diciembre de 2020, la justicia le entregó la posesión de una vivienda de la sucesión a Dolores Etchevehere. Funcionarios judiciales se hicieron presentes con un cerrajero, le leyeron a Dolores Etchevehere el acta de entrega. Minutos después, el ex ministro Luis Miguel Etchevehere se hizo presente junto a Sebastián Etchevehere y Juan Diego Etchevehere y comenzó a ejercer violencia contra Dolores y sus abogados. El juez que dictó la medida, Martin Furman, se hizo presente. Lo que vivió el magistrado y su secretaria fueron 6 horas consecutivas de gritos, violencia y agresión, que culminó con el propio juez echando para atrás la medida. Insólito. Pero eso no despertó el más enérgico repudio de los magistrados, ni siquiera en solidaridad con su propio colega.

En 2014, una inspección del RENATEA encontró a los hermanos Cornejo en la Estancia La Hoyita de la familia Etchevehere. Durante 38 años vivieron en situación de esclavitud. El funcionario a cargo del RENATEA hizo la denuncia penal correspondiente, y ¿casualidad? ya existía una denuncia que nunca había tenido curso. Tampoco lo tuvo la del organismo nacional. Pero el cajoneo de causas de trabajo esclavo tampoco despertó el más enérgico repudio de los magistrados.

El señor Procurador de la provincia, Jorge Amilcar “El Coque” García, designó a dedo, sin concurso, al 70% de los fiscales de la provincia, sin concurso, y en condiciones de inestabilidad extorsivas. Pero semejante desprestigio de la institución judicial entrerriana tampoco despertó el más enérgico repudio de los magistrados.

El caso Etchevehere, en todos sus frentes jurídicos, ha dejado expuesto que en Entre Ríos, muchos jueces y fiscales se olvidan que son funcionarios públicos al servicio del pueblo y actúan de manera servil a los poderes económicos concentrados de la provincia y del país. Dolores Etchevehere no es la única ni la principal víctima de esto. La principal víctima de la doble vara judicial es el pueblo entrerriano, los vecinos de a pie, que no reciben la misma justicia que los ricos y poderosos.

Ratificamos lo dicho por Juan Grabois: “De los políticos se conoce la cara. Pero de los jueces, no. Actúan casi en la clandestinidad. Vamos a tratar de romper con eso”. Nosotros seguiremos litigando en cada instancia procesal como corresponde, y no dejaremos de luchar por verdad, justicia y reparación. Como decía José Gervasio Artigas, “Con la verdad no ofendo ni temo”.